La protección del consumidor es un pilar de nuestro sistema económico. La trazabilidad es un medio eficaz de disculparse en caso de litigio ya que permite probar que el trabajo se hize bien.
La trazabilidad como elemento de seguridad: La recuperación de los productos defectuosos susceptibles de presentar un riesgo grave para el usuario, debe efectuarse cuanto antes. La presencia de una marca distintiva sobre esos productos se revela absolutamente necesaria.
La trazabilidad detective privado: Si un producto defectuoso debe devolverse, es porque se libró de los controles que lo hubiesen debido detener. Es necesario pues regresar hasta las causas de la disfunción, para a continuación, hallar soluciones.
La trazabilidad elemento de política industrial: Saber qué se hizo y cómo se hizo puede revelarse esencial para atender a la petición de un cliente. La trazabilidad puede inducir a un mejor conocimiento de las capacidades de la empresa, contestando así a una demanda cuanto antes, y al mejor coste. También puede ser en este tema el inicio de métodos estadísticos de control de proceso (SPC).
La trazabilidad aguijón del progreso técnico: Si se contenta con registrar el resultado final de un proceso, el riesgo es grande endormecerse con resultados conformes con las especificaciones, y de dejarse llevar por la espiral de la pérdida de motivación, y luego de competitividad. En tal contexto, rastrear un proceso, además de las funciones mencionadas más arriba, es un medio de:
- Desarrollar las facultades de análisis.
- Iniciar la crítica positiva.
- Individualizar las responsabilidades.
La trazabilidad para conocer a sus clientes: De hecho, permite recoger informes relativos a los consumidores, sus prácticas de compra, y constituir así una segmentación de clientela con finalidades para el marketing.